Un animal de rodillas que viene a recuperar su poca dignidad, dignidad que no existe, que no sirve.
No llega el agua al cuello, saltamos en el charco, caemos en la zanja y nadar es la única respuesta.
¿Por qué toleramos ciertos comportamientos ajenos? ¿por qué no estallar ante la incesante querella?
Automáticamente nos devuelven la cordura, la paciencia, que vale aclarar: no todos poseemos, pero simplemente supongamos. Quedarse en el molde, tragar un poco de aire contaminado, huir de los ojos, de los gestos, de las palabras, de las manos que quieren asir un poco más de mierda, nos hundimos en la mierda, tragamos toda la mierda, hasta el fondo, la saboreamos, nos encanta y a veces, sólo a veces tenemos el coraje de escabullirnos en un rincón, meternos los dedos y por fin vomitar desvergonzadamente y ahí el vacío, pena, desilusión.
Toleramos ciertos comportamientos ajenos porque indudablemente nos vemos reflejados en ellos, son emulaciones de nuestros propios actos mezquinos, intolerables, descuidados, presuntuosos ¿en esto nos hemos convertido? ¿esto es un atisbo de lo que creemos ser? ¿es esto el futuro inminente, el presente de hace días? Todo acontece en un rato, como ir al baño y hacer pis, como pasear en aquella noche perfecta, como estar tan jodidamente empachado de mierda que no hace falta meterse los dedos, sale por cualquier orificio, el más íntimo, el menos pensado.
¡oh no!
me destripo.
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