Una generación que no le gusta decir nada, alegando que las palabras dan miedo y lo entiendo.
Sí, lo juro. ¿Cómo no entender algo que a uno mismo le pasa?
Vayamos un poco más allá: lo que verdaderamente paraliza es el eco de esas incesantes palabras en el hueco de la mente de nuestros pensamientos más fortuitos (y digo mente porque el corazón está lleno de sangre).
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